viernes, 28 de septiembre de 2012
A Buenos Aires
Buenos Aires es un hombre
que tiene grandes piernas,
grandes los pies y las manos
y pequeña la cabeza.
Gigante que está sentado
con un río en su derecha,
los pies monstruosos movibles
y mirada en pereza.
En sus dos ojos: mosaicos
de colores, que reflejan
las cúpulas y las luces
de ciudades europeas.
Bajo sus pies, todavía
están caliente las huellas
de los viejos Querandíes
de boleadoras y flechas.
Por eso cuando los nervios
se le ponen en tormenta
siente que los muertos indios
se le suben por las piernas.
Choca este soplo que sube
con el mosaico europeo
que en los grandes ojos lleva.
Entonces sus duras manos,
se crispan, vacilan, tiemblan
a igual distancia tendidas
de los pies y la cabeza.
Toda esta lucha por dentro
le está restando sus fuerzas
por eso sus ojos miran
todavía con pereza.
Pero tras ellos, velados
trascuña la inteligencia
ya se le agranda el cráneo
pujando de adentro afuera.
Como de mujer encinta
nos ríe de la indolencia
de este hombre que está sentado
con el Plata a su derecha.
Mira que tiene en la boca
una sonrisa traviesa
que abarca en los grandes ojos
toda la costa de América.
Porque muy cerca al oído
golpeando están las arterias,
a ver si algún día le crece
a Buenos Aires, como los pies, la cabeza.
Alfonsina Storni
martes, 18 de septiembre de 2012
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