sábado, 19 de mayo de 2012


“Señoras, Señores, Alumnos:
 “Uno de los tantos inconvenientes que por mala suerte mía nunca han dejado de insolentar  mi vida…(...)
 ”Antole France, cierta vez habló a una asamblea de obreros sobre las bellas artes y las artes industriales, dijo más o menos lo que sigue, y que es a su vez una de mis profundas convicciones: “Desearía –dijo el viejo ilustre- si lo permitís, prepararos en pocas palabras para concebir la idea del arte en su unidad y en su plenitud.”
  “No puede ser inútil, en efecto, mostraros de un golpe el arte por entero, y reunir ante vuestro pensamiento todas sus partes, puesto que se ha dado de él, durante tanto tiempo, una imagen mutilada; puesto que se le ha querido cortar en dos troncos incapaces de vivir aisladamente, y se le ha dividido en artes superiores y en artes inferiores, llamando a las primeras  artes bellas y  a las segundas artes industriales, dando sin duda a entender que estas últimas, demasiado unidas con la materia, no se elevaban hasta la belleza pura. ¡Como si la belleza no estuviera constituida necesariamente por relaciones  y por conveniencias, y no sacara de la materia su único medio de expresión!  ¡Distinción inspirada por una mala metafísica de casta; desigualdad que no fue ni más justa ni más afortunada que otras tantas desigualdades sistemáticamente introducidas entre los hombres y que no proceden de la naturaleza! En la práctica, esa separación no fue menos nociva a las artes que colocaba arriba que aquellas que colocaba abajo. Porque si con ella resultaron empobrecidas las artes industriales, si de las augustas elegancias del arte vinieron a caer en los groseros caprichos del lujo y hasta perdieron, en cierta época, el gusto y el sentimiento indispensable para embellecer las cosas necesarias a la vida, las bellas artes, aisladas y privilegiadas, arrastraron una existencia importuna y vana.
 “Y la sociedad fue amenazada por esos dos monstruos: el artista que no es artesano y el artesano que no es artista.”



Fue escrita por Santiago Stagnaro, probablemente en su lecho de muerte del Hospital Rawson, y delegada su lectura. 1918.

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