Cuadras hacinadas lo intentaban succionar.
El silencio marchaba detrás
y la quietud pesaba en su espalda. Trataba de buscarla.
Pero no encontraba nada, no estaba allí.
No se veía.
Alguien había conspirado con las hojas, conversado con el viento
y resuelto en las tinieblas.
En secreto, por esa y otras noches no andaría solo.
R. B.
No hay comentarios:
Publicar un comentario