Mi respeto a ese Atrevido!
que gritó,
bramó
y hasta se dio el lujo de escupir...
Aquel enfurecido me calló
y yo, estatua frente a él, no hice mas que escuchar.
Su grandeza me tumbó.
y lo miré, todo lo que pude lo miré
entonces, en sus vientos frescos envolvió cuanto quiso
desequilibró mis entrañas,
y todo lo griseó, todo...
hasta mí.
la armonía en su éxtasis mas puro.... agua, tierra y yo
todo uno.
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