jueves, 8 de noviembre de 2012

Sin título


Tengo una pena tirada en mi colchón.

Una vieja muy querida la arrastraba
y con los años ya le pesaba.
Tenía la mirada caída y un poco triste,
pero aun contenía la gracia aniñada que las décadas, amables, pactaron no borrarla.
A su lado me sentaba, en tardecitas  frías con olor a sopa y a leña quemada.
Entre estribillos melancólicos, la niña de manos curtidas me cobijaba.
Un día el mate frío y dulce anudó la charla y  las leguas de suegra dieron cátedra.
En aquel instante en medio de risas y preguntas.....acomodé su pena a mi espalda y decidí llevarla.

Tengo una pena tirada en mi colchón y otras tantas queriendo ser olvidadas en un cajón.



R. B.

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