miércoles, 24 de abril de 2013
La claridad de los resignados.
Comentario devenido en título. (Pareció una guapa ocurrencia, y entonces)
Pensé en que necesitaba algo lindo o gracioso o refrescante para este calor que irrita los ojos, o para este hastío que de vez en cuando me sorprende.
Y la bicicleta me trajo y me llevo. Me devolvió esas simplezas que uno abandona por ahí.
Me mostró a una pareja de ancianos acompañando a una damisela mas entrada en edad. Y en una esquina, esperaban cruzar, en filita ellos.
Él, recto hasta los hombros y su cabeza casi pegada al hombro derecho, sostenía de un brazo a la longeva señora.
Ella desnivelada hacia adelante, como si estuviese agarrando algo en el otro extremo de la mesa y como si los años hubiesen decidido descansar sobre su espalda.
Del otro lado la anudaba otro vejestorio, que de los pies hasta la cadera la sostenían firmes, pero el resto de su cuerpo se chanfleaba enterito, como si la Torre de Pisa conviviera en su cuerpo... inmantada hacia el suelo.
Y así estaban los tres, esperando cruzar de esquina a esquina y yo detrás..... mirándolos, hurtando y contrabandeando esa bella y simple imágen.
R. B.
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