Necesaria distancia que tremebundamente se inyecta por los ojos,
la procesa el cerebro
y la ejecuta las palabras.
El cuerpo obedece,
busca alejarnos y alejar.
Premeditadamente, se intenta desagradar.
Saqueamos el encanto y en su lugar alojamos repugnancia.
Por lo tanto cavilamos en las miserias y arropamos la rotulada soledad.
Cuan banquete comemos de ella,
en consecuencia deshidratamos la compañía.
Y así quedamos tranquilos,
tranquilos por un rato.
R. B
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