Estaba tirada en el sillón, y yo, la miraba, lenta....
la miraba y escuchaba atenta.
De esas personas en las que el tiempo se detiene y todo queda flotando, y el desembuche lo determina el reencuentro,
de esas personas hablo.
Llegó el día y nos atragantamos de palabras.
Minutos, horas transmutaron en días, meses y quizás años.
Personas, viajes, hazañas, encuentros, aires....
todo un relato, un cuento y muchas imágenes.... de vez en cuando el cuento autorizaba a imaginar,
y en su turno, fotos y dibujos aprobaban ser contados.
Se entendía que en cada encuentro las risas eran las encargadas de sellar el placer de verse.
En su caso, silencios y preguntas aplacaban, sutilmente, a aquellas para desahogarnos y reponer el aire.
Esa noche reflexionamos, y filosofamos impunemente.
Hablamos de partir, del apetito de otro lugar y de las pobrezas que nos invaden.
Hablamos de lo aparente, de lo cierto y lo obvio...
de las lecturas evidentes de aquellos...
y en ésto se detuvo el tiempo..... para reiniciarse vaya a saber cuando.
R.B.
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