martes, 14 de mayo de 2013
El lugar de Nunca jamás
- No entiendo nada de esto!. Dijo y cerró todo.
Yo, lo estudiaba.
Sus pasos firmes hacían vibrar y rechinar cada madera.
Maldecía, y las muecas, como vaivén en su cara, hacían revelar que la ferocidad de sus pensamientos llegaban a grados óptimos.
Otra vez se sentaba y trataba de continuar,
pero el enjambre de ideas inquietantes lo hacia abandonar y repetirse:
- no entiendo nada de esto! Qué mierda!
Se quedó, por un rato, en algún sitio que desconozco,
apretándose los dedos (y no machucándose las uñas,),
pelliscándose la barbilla y cavilando...
cavilando en algún lugar lejano.
Luego bajó, cuan paloma alcanzada por los misiles de una hondera y su voz se quebró.
Los dedos permanecieron inmóviles pero rápidamente la alteración conquistó sus entrañas.
Sin embargo, quedó triste parloteando en la oscuridad:
- la incertidumbre del vencido.... del vencido en una batalla inventada y fantaseada,
y la desesperada tarea del falso equilibrista que se atormenta por no caer.
Eso fue lo ultimo que le oí decir, al mismo tiempo que una lágrima decidía reventar en mis pesares
y yo, emigrar hacia algún lugar.
R. B.
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